En Río Grande la comida echa humo. Nadie sabe por que. No hay explicación cientifica. En vano la ciencia despliega sus modelos en los restaurantes de la ciudad. Pero quizá sea en vano en todas las ciudades, no solamente en esta. Quizá no haya explicación cientifica para nada, quizá nunca la teoría confluya con los hechos, quizá tales vecindades sean meras operaciones mentales, espejismos de entendimiendo, parejas forzadas por nuestra propia ansiedad, que no nos deja vivir sin explicar (Piensa el intendente de Río Grande, mientras mira el humo que se eleva desde los raviolones de lomo de La Colonial).
Llegué a Madrid, después a Londres, después viajé en tren, despues dormí una siesta, después fui al Támesis con Jane y Fiona, tomé smoothie, después fuimos a comprar, después comímos barbacoa en la casa de Fiona y Lance, y cuando quise acordarme ya se me había ido otro día.
En esa calle, en ese canal, o en uno muy similar, queda el hostel donde estuve parando algunas noches. No se el nombre de la calle, son todos impronunciables. Tan largos que son todos diferentes, pero tambien todos iguales, porque se igualan en el infinito.